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Segunda entrega del curso de Venture Lab

Me han sorprendido gratamente los deberes que nos  mandaron para la segunda entrega del curso, nada más ni nada menos que presentar una propuesta comercial defendiendo un modelo de negocio que había sido clasificado como idea mala en el primer ejercicio.

La idea con la que teníamos que trabajar era una idea desarrollada por otro grupo, con lo que se logra eliminar los sesgos que tenemos con nuestras propias ideas. Además al ser del grupo de las ideas malas, el esfuerzo y la imaginación para poder hacer una propuesta comercial interesante son considerables.

El entregable podía tener entre 1 y 3 formatos: texto, presentación slideshare y vídeo. La lástima es que el tiempo para trabajar en este ejercicio era de escasamente una semana y organizar un grupo de 9 personas es algo complicado. En nuestro grupo solo pudimos entregar el texto y la presentación, pero nos lo pasamos bien en una videoconferencia en la que tratábamos de encontrar ideas interesantes en el modelo de negocio asignado.

Como decía ha sido una experiencia interesan que te hace ver que clasificar una idea como buen o mala es esta cierto punto arbitrario, y que es posible darle una vuelta para hacer algo provechoso con una idea mediocre.

Os dejo uno de los vídeos que ha hecho otro grupo con una calidad totalmente profesional:

A partir de ahora ya empieza la parte importante, toca montar equipos de 3-4 personas y empezar a trabajar para armar un proyecto interesante.

¿Se puede escribir un plan de empresa que sea útil?

Todos los emprendedores modernos sabemos e incluso hemos experimentado en nuestras propias carnes que el plan de empresa ha dejado de ser el núcleo de nuestro proyecto de negocio.

Con las metodologías estamos abriendo los ojos y nos damos cuenta de que el grado de incertidumbre que nos rodea es tal, que tratar de planear hasta el último detalle es una tarea realmente absurda.

La pregunta es: ¿se puede escribir un plan de empresa que sea útil?

Mi opinión es afirmativa, eso sí, dando un enfoque bastante diferente al plan de negocio tradicional. Ahora el núcleo fundamental de nuestro negocio es el modelo de negocio, y el plan de empresa debe ser una extensión de él. Además la ejecución ya no es lineal sino que trabajamos en base a una serie de experimentos e iteraciones que nos proporcionen el aprendizaje necesario para entender mejor nuestro negocio.

Ahora lo importante es trabajar con un plan de empresa ligero, no más de 20 páginas, que nos permita reflexionar y ampliar los conceptos de nuestro modelo de negocio. Además el apartado fundamental es el resumen negocio, que debe reflejar todas las claves que estamos aprendiendo sobre nuestro negocio: problema que queremos resolver, solución que proponemos, beneficios que aportamos, modelo de negocio, factor diferencial y necesidades de financiación.

A partir de aquí todo debe ser orgánico: nuestros experimentos deben alimentar a nuestro modelo de negocio, y nuestro modelo a nuestro plan de empresa. De esta manera iremos plasmando todo lo aprendido y trabajaremos para seguir evolucionando.

Por cierto, le tengamos más o menos aprecio al business plan, sigue siendo una herramienta imprescindible a la hora de buscar financiación. Es por esto, que merece la pena escribir un plan de empresa que sea útil también para nosotros.

La propuesta de valor, la base de tu modelo de negocio

Después de tener una idea genial es necesario realizar una serie de pasos de cara a desarrollarla convenientemente y estudiar su viabilidad como proyecto.

Lo primero es saber si la idea que tenemos corresponde a un problema que tiene un grupo de personas, y saber si somos capaces de desarrollar una solución que tenga claros beneficios para los futuros clientes y que a la vez sea diferente a la competencia actual.

Si vemos que la idea puede llegar a algo más, es el momento de crear nuestro primer boceto de modelo de negocio, con el que seremos capaces de indagar en los aspectos fundamentales de nuestro negocio.

Un bueno modelo de negocio se debería poder explicar de forma muy breve a socios, inversores, clientes… pero además debe de estar respaldado por un estudio concienzudo. Los 3 aspectos básicos del modelo de negocio son la propuesta de valor, el segmento de clientes y la rentabilidad. Si cojeamos de alguna de estas 3 patas el modelo de negocio es inviable.

Además de estos 3 puntos claves, podemos seguir desarrollando nuestro modelo de negocio con la ayuda de la herramienta business model canvas, con la que completaremos el modelo  describiendo: segmentos de cliente, canales, relación con los clientes, propuesta de valor, actividades clave, recursos clave, socios clave, fuentes de ingresos y estructura de costes (estos 2 últimos definen el factor rentabilidad).

La propuesta de valor

En esta ocasión voy a hablar de la propuesta de valor, que como hemos visto es uno de los 3 aspectos clave del modelo de negocio. La propuesta de valor nace del estudio de la problemática que tienen un grupo de personas y de la solución que proponemos nosotros. Esta propuesta no se debe centrar en aspectos poco relevantes para el cliente como la tecnología, sino que debe explicar claramente los beneficios que les podemos aportar y como solucionamos su problema.

Debemos definir los productos/servicios que ofrecemos al usuario siempre teniendo en cuenta que debemos diferenciarnos de la competencia. La propuesta debe ofrece una solución diferente según el tipo de problema de los clientes y las características del mercado en el que competimos, de manera que podemos ofrecer:

  • Una solución básica: si nos enfocamos a un segmento desatendido, nos bastará con empezar ofreciendo una solución aceptable, sin florituras.
  • Una solución mejor: si hay competencia debemos diferenciarnos ofreciendo un mejor rendimiento, mejor diseño…
  • Una solución más barata: si somos innovadores en los procesos podemos ofrecer soluciones low-cost con las que atender a un segmento de menor poder de adquisición.

Nuestra propuesta de valor define lo que realmente vamos a ofrecer a nuestros clientes, por lo que es esencial pensar siempre en ellos cuando estemos elaborando la propuesta, y ceñirnos a su problema, la solución y sobretodo de que manera se van a ver beneficiados.

Tu elevator pitch personal

Es común que los emprendedores nos obsesionemos con vender nuestro proyecto a clientes, inversores, socios… cuando muchas veces nos van a “comprar” por nosotros mismos y lo que somos capaces de aportar al proyecto.

Aquí entra en juego el tan famoso elevator pitch, que viene a ser el discurso que debemos de tener preparado para presentar nuestra startup en cualquier ocasión que se nos presente. El nombre del discurso viene dado por la idea teórica de que nos podemos encontrar en cualquier sitio, un ascensor, a alguien de interés para nuestro proyecto, y que debemos ser capaces de captar su interés en menos de lo que dura el trayecto. Si no somos capaces de captar el interés de alguien en 1 minuto difícilmente lo podremos hacer en horas.

Como comentaba, este discurso está muy arraigado al mundo “startupil” pero sin ser conscientes de que lo que más valora la gente no es nuestra idea genial sino nuestra capacidad y la de nuestro equipo para ejecutarla. Por lo tanto es importante tener preparado una mini presentación sobre lo que somos capaces de aportar a nuestra empresa.

Al trabajar nuestra marca personal, debemos tener nuestro propio modelo de negocio, y por lo tanto ser conscientes de nuestra propia propuesta de valor, que será nuestro factor diferencial en nuestra aportación al proyecto. Es muy difícil que nuestro proyecto ofrezca una gran propuesta de valor si tu no eres capaz de ofrecer cierto factor diferencial.

De esta forma podremos mostrar que nuestro proyecto está afianzado en nuestras propias capacidades y que, no solo tenemos una gran idea, sino que contaremos con una gran ejecución.

Así que debemos enriquecer nuestro elevator pitch con la parte del elevator pitch de nuestra marca personal.

Por qué es necesario un plan de empresa

Cuando tenía unos 18 años aprendí lo que era un plan de empresa para ayudar a la que era mi novia por aquel entonces con su trabajo de investigación de bachillerato. La verdad es que acabé haciendo el plan de empresa prácticamente yo solo porque me gustaba ayudarle y porque siempre había tenido el gusanillo emprendedor y esa era una buena oportunidad para aprender más.

Años después, ya en la universidad, puede cursar una asignatura de creación de empresas en ESADE, con los mismísimos estudiantes del MBA, gracias a un convenio con la UPC, y ahí si que tuve que aprender realmente en que consistía un plan de empresa y todo lo que conllevaba crear una empresa sobre el papel. Con el plan de negocio que tuve que hacer hasta llegué a ser finalista en un premio de emprendedores.

En aquel momento creía que el plan de empresa era algo fundamental para cualquier negocio y no entendía como la gente se aventuraba sin haber pasado unos cuantos meses trabajando su propio plan de negocio y dándole mil vueltas sobretodo al plan de finanzas.

Más adelante llegó la oportunidad de crear mi propia empresa de videojuegos, crear empresa y videojuegos, 2 de mis grandes pasiones. Efectivamente pasé varios meses limando asperezas de un plan de empresa que creía que sería mi camino al éxito. Con este plan de empresa logré ganar el premio Bancaja de emprendedores y ser finalista en un par más y también financiación, la cosa iba por buen camino.

Más adelante no se cumplió nada del plan de negocio y el proyecto se fue a pique, esa será otra historia. Entonces comprendí que el clásico plan de empresa no servía para nada con el grado de incertidumbre con el que trabaja una startup. Fue el segundo reality check importante en mi vida. Vamos una hostia importante.

Hace ya un tiempo conocí la metodología del business model canvas y ahí encontré la verdadera esencia del germen de una empresa, el modelo de negocio. Esto más customer development y lean startup creo que son la trilogía necesaria para emprender maximizando las opciones de éxito.

No obstante he seguido evolucionando mi perspectiva sobre el plan de empresa, llegando a la conclusión que es una etapa necesaria, no la primera, pero huyendo de la rigidez del plan tradicional y enfocado siempre al modelo de negocio.

Para mí, el plan de empresa es un mal necesario.