“Quien quiere hacer algo encuentra un motivo, quien no quiere encuentra una excusa” (leído en el TL de Emilio Márquez)
Con este artículo doy comienzo a la que he denominado la semana de las excusas, que me llevará a publicar 5 artículos sobre las diferentes excusas que utilizamos para evitar tomar la decisión de emprender.
Antes de nada conviene distinguir el uso que yo lo doy a excusa y a razón. Para mi una excusa es un contra argumento que no se sustenta en motivos sólidos, mientras que una razón se sustenta en un motivo real y válido, que nos lleva a decantar un decisión hacia un lado o el otro.
Por lo tanto las excusas que nos “inventamos” solo sirven para evitar tomar una decisión tan compleja y tan difícil como es emprender. Lo malo de estas excusas es que no nos liberan del “run run” que sentimos en nuestro interior.
No quiero hacer un disertación psicológica sobre la toma de decisiones y la generación de excusas, así que resumo echándole a la culpa a nuestro cerebro reptiliano, la parte más antigua de todas, que se encarga de nuestra supervivencia. Como es una parte del cerebro que no ha evolucionado con el tiempo, los temores y la resistencia al cambio que nos induce, dejaron de estar justificados hace mucho tiempo, y sin embargo nos pueden paralizar.
Ser consciente de que es esta parte del cerebro la que nos fuerza a seguir por el mismo camino, aunque este sea malo, nos da el poder de enfrentarnos a él y ver más allá de las excusas superficiales para evaluar las auténticas razones de peso para tomar una decisión.
Después de esta introducción, toca hablar de la excusa de hoy:
Soy muy joven/viejo para emprender
Diferentes estudios, y la observación de la realidad, nos dicen que no hay una edad dulce para emprender, si no que hay emprendedores de todas las edades y muy diferentes niveles de conocimiento y experiencia.
Lo normal es que cuando somos jóvenes pensemos que nos falta experiencia, y que cuando somos mayores nos de miedo asumir riesgos teniendo cargas familiares. Son reacciones comunes y lógicas que no deben impedirnos ver más allá.
Evidentemente cuando tenemos 20 años nos falta mucha experiencia, pero nada nos garantiza que vayamos a conseguir experiencia útil para la creación de una empresa trabajando por cuenta ajena. Además ninguna experiencia resiste el contacto con la realidad, así que por mucho que nos preparemos durante toda la vida, cuando llega el momento de emprender todo nos parece nuevo.
Por el contrario, si ya tenemos una edad lo que se supone que debemos buscar es estabilidad, aunque sea ficticia como se está demostrando en los últimos años, por lo que la idea de emprender la asociamos con el riesgo, y eso nos paraliza. El tener pareja e hijos es algo muy a tener en cuenta a la hora de emprender, pero existen muchos casos, así que es posible.
La cantidad de riesgo que tiene que asumir un emprendedor se debe reducir con el paso de los años, y la experiencia puede ayudar mucho a eso. Si tienes un amplio bagaje trabajando en un sector determinado, es muy posible que lo conozcas muy bien, hayas identificado oportunidades reales, tengas contactos… todo esto bien gestionado puede conseguir minimizar el nivel de riesgo, y adaptar la aventura a las necesidades familiares.
La edad, y la situación personal que suele conllevar, es un factor importante a la hora de decidir si emprender o no, pero debemos ver más allá y evaluar el caso en profundidad sin estar sesgados ya de buen inicio.
Otras grandes excusas:
- No tengo dinero para emprender
- No sé lo suficiente para emprender
- No tengo tiempo para emprender
- No es buen momento no sirve de excusa

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