“No contrates hasta que duela – Leído en Rework de 37 signals”
Digan lo que digan, la mayoría de emprendedores estamos aquí por la pasta, además de otra serie de cosas. Así que si ya tuviéramos mucho dinero lo más probable es que nos decantaríamos más por ser inversores que emprendedores.
Por lo tanto la inmensa mayoría de los que emprendemos, empezamos con poco dinero o directamente sin un duro. Con esto ya puedes entender que el dinero no es un factor decisivo para embarcarte en la aventura, aunque si tienes algo pues mejor.
Es muy posible que tanto leer sobre startups, sobre todo americanas, nos esté metiendo pajaritos en la cabeza sobre la necesidad de recurrir a grandes cantidades de financiación para arrancar una empresa. Esto puede ser cierto para proyectos brutales y emprendedores con mucha trayectoria, para el resto de los mortales es fundamental familiarizarnos con los conceptos de bootstrapping y lean. Además, la limitación de cualquier recurso, económico en este caso, nos ayuda a agudizar el ingenio para conseguir más con menos.
Lo coherente es plantear el arranque de tu aventura con los mínimos recursos posibles hasta comprobar que tus ideas, hipótesis y deseos, realmente se ajustan a la realidad y existen clientes que pagan por tus productos y servicios. Hasta que no llegas al hito del “product/market fit” no sirve de nada positivo inyectar ingentes cantidades de dinero al proyecto.
Este hito significa que el producto se vende, que hay demanda y que hay un proceso repetible para conseguir ingresos. Esto quiere decir que nuestro negocio está en el buen camino, y que ya podemos recurrir a mayores inversiones para aumentar el ritmo de crecimiento sin el riesgo de darnos de cabeza contra el muro de la realidad, ese que pone tu fantástica idea en su sitio.
En cuanto a los problemas que surgen de no tener suficiente dinero, el principal es el de las contrataciones en el que caso de necesitar distintos perfiles. La situación ideal es que tú seas capaz de hacer todo durante la primera etapa de tu proyecto, la situación un poco peor es contar con socios para aquellas partes del negocio de las que no puedes encargarte, la situación todavía peor es subcontratar diferentes aspectos del negocio (y no me refiero al papeleo e impuestos), y ya la situación pésima es la de contratar parte del equipo, con el consiguiente aumento espectacular de gastos fijos (este último lo viví en mis carnes y no acabó muy bien).
Que el dinero no sea un factor clave no quiere decir que no sea necesario, ya no para emprender si no para sobrevivir en las primeras fases del proyecto. Si no tienes ingresos recurrentes, ni tampoco nada ahorrado y no vives con tus padres, quizá emprender no sea la mejor idea del mundo para ti en este momento, así que… ¡empieza ahorrar!
Otras grandes excusas:
- Soy muy joven/viejo para emprender
- No sé lo suficiente para emprender
- No tengo tiempo para emprender
- No es buen momento no sirve de excusa

Pingback: Bitacoras.com
Pingback: Emprender Un Negocio Propio No Admite Estas 5 Excusas