Es común que los emprendedores nos obsesionemos con vender nuestro proyecto a clientes, inversores, socios… cuando muchas veces nos van a “comprar” por nosotros mismos y lo que somos capaces de aportar al proyecto.
Aquí entra en juego el tan famoso elevator pitch, que viene a ser el discurso que debemos de tener preparado para presentar nuestra startup en cualquier ocasión que se nos presente. El nombre del discurso viene dado por la idea teórica de que nos podemos encontrar en cualquier sitio, un ascensor, a alguien de interés para nuestro proyecto, y que debemos ser capaces de captar su interés en menos de lo que dura el trayecto. Si no somos capaces de captar el interés de alguien en 1 minuto difícilmente lo podremos hacer en horas.
Como comentaba, este discurso está muy arraigado al mundo “startupil” pero sin ser conscientes de que lo que más valora la gente no es nuestra idea genial sino nuestra capacidad y la de nuestro equipo para ejecutarla. Por lo tanto es importante tener preparado una mini presentación sobre lo que somos capaces de aportar a nuestra empresa.
Al trabajar nuestra marca personal, debemos tener nuestro propio modelo de negocio, y por lo tanto ser conscientes de nuestra propia propuesta de valor, que será nuestro factor diferencial en nuestra aportación al proyecto. Es muy difícil que nuestro proyecto ofrezca una gran propuesta de valor si tu no eres capaz de ofrecer cierto factor diferencial.
De esta forma podremos mostrar que nuestro proyecto está afianzado en nuestras propias capacidades y que, no solo tenemos una gran idea, sino que contaremos con una gran ejecución.
Así que debemos enriquecer nuestro elevator pitch con la parte del elevator pitch de nuestra marca personal.


